Esta es la historia escueta
De un limonero pequeño
Que en la húmeda ciudad de Rosario
Nació a finales de invierno.
Desde una cornisa dormida
Y hacia un patio de arriba
Había volado soberbio
El germen de este árbol sin tiempo.
A la semilla silente y sin nombre
Que desconocía aún su destino
No le preocupaba el futuro inmediato
Ni siquiera saber si crecería muy alto.
Bebía las voces del mundo
Como si fueran bebida santa,
Bebida que el patio añejaba
Como elixir de tierras extrañas.
Y entre asados y mochilas andadas
Y siluetas fugaces que partían y llegaban
La semilla se fortalecía sana
Regada con historias lejanas.
Y era en los días de Júpiter
A la hora del ocaso,
Cuando el sol ya estaba oculto
Y los grillos despertaban,
Que este embrión se embebía
De una locura pura y sagrada:
Trece trotamundos
Con pies descalzos y gastados,
Harapientos y benditos
Como mendigos de alma,
Unían sus voces para crear palabras
En el ritual mágico de la comedia y el drama.
Esas voces decían locura
Locura limada
Locura agria
Locura dionisíaca
Locura tal vez ácida
Locura que inseminó aquel germen
Por influjo del destino
El oráculo de Delfos
O el azar no fortuito.
Y así en tres meses
La semilla fue Limonero
E irrumpió potente una tarde de jueves
Desde el fondo oscuro del suelo
Como si toda la gravedad del universo
Se hubiese esmerado tan solo en su crecimiento.
Y fueron trece las voces fecundas
Que habían conjurado el sortilegio.
Voces vagabundas que vibraban
Al compás de los designios
De la imaginación y el cielo.
Trece demiurgos contentos
Que aquella tarde de jueves
Alabaron el fruto de su esfuerzo
Bendijeron su génesis en silencio
Y consideraron que todo había sido bueno.
Y hasta aquí llega esta corta historia
Que sería algo así como un Antiguo Testamento,
Donde se relata cómo estos trece hechiceros
Dieron vida y alimento al ya no tan pequeño Limonero.
Seguramente habrá un Nuevo Testamento
Contando las andanzas de los limones y sus dueños.
Mas ese no está aún terminado:
No es posible adelantar el paso del tiempo:
Un poco más de hierba buena
Un poco más de limadura extrema
Y antes del solsticio de invierno
Llega la segunda parte,
Lo prometo.


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